Qué hacer cuando has tenido un mal día

Hace unas semanas tuve un mal día.  La noche anterior había comprado un teléfono nuevo y el representante técnico en la tienda me dio varios consejos equivocados.  Esto consejos me costaron 2 horas el domingo por la mañana por teléfono con servicio al cliente y 5 horas de la tarde de regreso en la tienda. En total, 7 horas del día más valioso de mi semana se consumieron con esto.  Mi esposo y yo habíamos planeado pasar tiempo juntos cocinando algunas nuevas recetas... Pero apenas hablamos entre mis explicaciones, argumentos e incluso lágrimas de descontento con el servicio al cliente.  

Al final del día, estaba exhausta. Entonces me di cuenta de las cuantas veces tenemos días malos inesperados: la computadora se nos daña borrando horas de nuestro trabajo; tenemos un problema en el trabajo que nos arruina todos nuestros planes; discutimos con un familiar. 

A menudo, cuando estas cosas suceden, caemos en la trampa de rumiar en nuestras cabeza sobre el mal día por mucho más tiempo del que deberíamos.  Ciertamente yo solía hacer eso.  Aquí están unos ejemplos de cómo evité que esas 7 horas de desencanto no se convirtieran en 8, 9 o 10 horas.

  • Acepté los hechos.  Muchas veces queremos luchar contra la realidad.  Tratamos de cambiar el pasado (mi definición favorita del perdón es aceptar que el pasado no puede ser cambiado). Nos quedamos atrapados en la negación de lo sucedido.  En algún momento ese día, acepté que necesitaba arreglar el desorden y dejé de combatir contra ella. Ésto ayudó mucho cambiar el resentimiento que estaba sintiendo.
  • Practiqué la concientización.  La concientización (o “mindfulness” en inglés) es la práctica de observar con calma tus sentimientos, emociones y pensamientos en el momento presente, sin juzgarlos como buenos o malos.  Solo observar lo que te viene a ti. 
  • Practiqué la gratitud.  Empecé a hacer una lista de las cosas que agradecía en ese momento: (1) tener la bendición de poder comprar un teléfono nuevo, (2) tener una pareja que me apoyaba mientras lidiaba con las cuestiones técnicas (3) encontrar representantes del servicio al cliente que de veras querían ayudarme (4) tener tiempo para leer mis libros favoritos mientras estaba en línea de espera por télefono.  ¡Es fenomenal ver cómo esta práctica cambia tu actitud!
  • Determiné mi intención para el resto del día.  Una vez que salí de la tienda, tomé la decisión que la experiencia no iba definir las pocas horas que quedaban de mi domingo.  Cerré mis ojos y pensé en las cosas que  mas quería hacer durante esas horas restantes. (1) pasar tiempo con mi esposo y (2) relajarme en mi cama con una taza de té.  ¡Y eso es exactamente lo que hice!