Parte 2: Cuando la pobreza resulta en mujeres y niñas víctimas de la violencia

La segunda parte de mi entrevista a Pablo Villeda, Vice-presidente de Operaciones de América Latina.  Si no escuchaste la primera parte, la puedes encontrar dándole clic aquí. 

A continuación está el audio de la segunda parte de esta poderosa entrevista; si prefieres leer la transcripción, ¡también la he incluido!

Judith: Pablo, gracias otra vez por estar aquí con nosotros.  A ustedes mi querida audiencia como ustedes saben, la ultima vez hablamos con Pablo sobre la Misión Internacional de Justicia y el gran trabajo que estaban haciendo en el mundo y especialmente en Latinoamérica.

Pablo: Es un gusto Judith.

Judith: ¿Cuáles son los países latinoamericanos donde ustedes trabajan?

Pablo: Tenemos oficinas en Guatemala que es mi país natal, en Bolivia, en la República Dominicana, esto es a través de oficinas de Misión Internacional de Justicia y también trabajamos a través de una alianza con una organización local en el Perú y en el Ecuador.

Judith: Perfecto, y ¿por qué han escogido esos países de Latinoamérica?

Pablo: Hace varios años cuando abrimos pues esas oficinas respondimos a información que nos fue proporcionada por organizaciones de derechos humanos, por comunidades, por reportes de personas expertas en el tema de injusticias en contra de la pobreza, realizamos investigaciones locales recabando información y nos dimos cuenta de que en estos países existía la necesidad de ejecutar la misión nuestra y había el ambiente apropiado, la apertura de otras organizaciones y obviamente no es que sean los únicos países de Latinoamérica o del resto del mundo que necesiten fortalecimiento de su justicia pero son los que en, por el momento, podemos serefectivos de acuerdo a los recursos que tenemos.

Judith: La última vez que hablamos nos contaste sobre el problema del abuso sexual infantil en Bolivia, ahora, siempre hay rostros, personas y víctimas detrás de todos estos problemas, tu me estabas contando la historia de Marcela que no (para estar bien claros) no es su verdadero nombre, por querer proteger la verdadera identidad de la víctima, ¿podrías compartir con la audiencia esta historia?

Pablo: Si, Judith…pues Marcela representa realmente a miles de niñas, no sólo en Bolivia, pero en el resto de América Latina, y como ella he conocido y hemos servido con mis colegas en la organización a muchas otras. Conocí a Marcela el año pasado en una de mis visitas de rutina a Bolivia.

Marcela, su mamá y sus hermanas viven en la ciudad del Alto, en una ciudad grande, de cerca de un millón de habitantes, a la par de la capital de Bolivia, La Paz, y… Marcela cuando tenía 8 años vivía con su mamá, sus hermanas y su padrastro, lamentablemente este hombre resultó ser un hombre violento, posesivo y que golpeaba, maltrataba a la mamá de Marcela, pero este abuso y esta opresión se convirtieron en abuso sexual para Marcela.

Lo que hacía este hombre era enviar a su esposa, la mamá  de Marcela, a hacer mandados, a hacer cosas afuera de la casa, le ordenaba que se fuera lo cual el aprovechaba, lamentablemente, para quedarse a solas con Marcela, y lo que empezaron con tocamientos e insinuaciones, pronto se transformó en una violación sexual. La violencia de este hombre fue creciendo al punto que, temiendo que Marcela fuera a decir lo que el estaba haciendo, la amenazó de muerte, y amenazó de muerte también al resto de la familia.  No fue hasta que la comunidad, en el vecindario donde ella vivía se enteraron de que a Marcela su mamá y sus hermanas la tenía este hombre encerradas en una casa, que decidieron ayudarles y lograron escapar de esta casa para pedir auxilio de la comunidad.

Judith: Qué horrible. ¿y su mamá se dio cuenta eventualmente de lo que le estaba sucediendo a Marcela?

Pablo: Un día la mamá de Marcela la encontró llorando, ella ya había notado que su comportamiento era diferente, callado, aparte las circunstancias difíciles en las que vivían, confrontó a Marcela y ella le reveló lo que efectivamente sucedía, fue con mucha vergüenza, imagínate para una niña de 8 años.

Judith: ¡8 años!

Pablo: Hablar de sexo es difícil, ¡impensable! Mucho más revelar algo tan, tan difícil, genera vergüenza, estigma, es un tabú, pero ella se lo reveló a su mamá, la mamá le creyó, ella decidió, rescatar a sus hijos con auxilio de la comunidad e ir en busca de ayuda a la policía

Judith: ¿Por cuántos años ella fue  víctima de abuso?

Pablo: De acuerdo a nuestra conversación con Marcela, ella probablemente experimentó estos abusos por espacio de aproximadamente un año. 

Tal vez, para conocimiento y entendimiento de nuestra audiencia, a los niños les es muy difícil hablar del abuso sexual y les lleva mucho tiempo, requieren de terapia y de consejería y realmente, de un proceso de sanidad interior para poder llegar a recordar y narrar, contar estos eventos; muchos de estos niños revelan partes y no es hasta después de un proceso de terapia y de sanidad interior que llegan a recordar los detalles.

Judith: Es tan impactante, porque en la cultura latinoamericana, en donde es una cultura mucho más conservativa en muchos lugares, que una niña de 7, 8 años, no imagino que entienda bien lo que le está sucediendo, ¿qué tipo de información o nivel de contenido ella va a tener a esa edad para saber qué es lo que está sucediendo? es increíble y de verdad impactante.  Entonces la comunidad se dio cuenta que este hombre tenía esta familia encarcelada, básicamente.

Pablo: Básicamente, si, en una de las pocas veces que este hombre le permitió salir a la mamá de Marcela, ella contó a los vecinos, los vecinos, le creyeron, y regresaron con ella a la casa, tumbaron, rompieron la puerta, sacaron a Marcela y a sus hermanas, es una hermana mayor y las hermanas menores, realmente las encontraron en condiciones paupérrimas y en un estado de desnutrición, no te digo siquiera como si fueran perros, porque a veces cuidamos de nuestras mascotas mejor, en condiciones muy difíciles.

Les ayudaron, les auxiliaron y luego ella, en situación de libertad fue y presentó una denuncia ante la policía. La policía ofreció ayudar pero realmente no hicieron mucho y el caso no avanzó en nada y alguien en esa estación de policía que conocía de Misión Internacional de Justicia nos informó del caso y allí fue cuando empezamos a intervenir.

Judith: Es tan importante cuando dices en un estado de desnutrición, lo primero que viene a mi mente es como nosotros perdemos la humanidad, perdemos la humanidad el uno con el otro y perdemos esa manera de pensar que la otra persona es tan humana como tu, no solamente con este hombre que estaba abusando y obviamente perdió la humanidad en el mismo, en las personas que estaban a su alrededor y estaba abusando de esta manera, pero cualquier persona, muchas veces vemos personas que están sufriendo, que están en pobreza, que están pasando hambre y se nos olvida que son tan humanos como nosotros mismos, se nos olvida que son tan humanos como las personas de nuestra familia.

Pablo: Una de las cosas, Judith, que estando en este trabajo, más he sido confrontado en mi propia humanidad, en mi ser, es ¿qué haría yo si mi propia hija fuese violada?  ¿Si mi propia hija fuera explotada o secuestrada? Bueno, yo dejaría cielo y tierra por ir a su rescate.

Pero honestamente lo que más he sido confrontado es ¿qué si se trata de mi vecino? ¿qué si se trata de otra persona fuera de mi familia?, ¿en mi comunidad? y es allí donde se nos recuerda o las historias como la de Marcela nos recuerdan que formamos parte de una comunidad, que tenemos otros seres humanos alrededor nuestro que sufren, quizás sufre de injusticia cerca o lejos en otros países; y nosotros tenemos el enorme privilegio, aquellos de  nosotros que vivimos en el alguna libertad, con algún privilegio, de poder auxiliarles, porque cualquier atentado contra su humanidad, la humanidad de ellos, es realmente un atentado contra mi humanidad.

Judith: Si, absolutamente, ¿qué tu crees que evita a las personas hacer esto o que tu crees que causa que las personas perdamos ese pedazo de nuestra humanidad dentro de nosotros? Y no vayamos especialmente cuando estas bien cerca allí, cuando vives, estás en la comunidad y está sucediendo esto con tu vecino y sabes que hay algo que está mal, que nos sucede, ¿qué crees?

Pablo: Bueno, puede ser por varios factores, yo me atrevo a decirte Judith que a lo interno, a veces podemos lidiar con una ausencia de compasión, una ausencia de fraternidad y esto sucede, nos sucede a todos, me sucede a mi de tiempo en tiempo, no frecuentemente, me averguenza decirlo pero a veces mi corazón se enfría …

Judith: Me apunto también, es el punto, yo creo que esto es parte del camino y la batalla de ser humanos, las veces que estamos conectados a algo más grande que nosotros mismos, a las redes humanas.  Sabes un poco de mi trabajo; mi espiritualidad es algo super importante para mí, es parte de la tarea de mantenerme en ese camino, que algunas veces estamos conectados y otras veces no estamos conectados.

Pablo: Y por eso Judith, programas como el tuyo, el estar al tanto de lo que está sucediendo con el tema de la injusticia es tan importante para hacernos despertar esa misericordia, ese deseo de confraternidad interno; y lo otro que te quería decir es como causa de esa apatía de querer ayudar a otros que sufren de injusticia es también la sensación o la convicción bastante realista de que aunque yo haga algo, no va a suceder nada, ese sentimiento de desesperanza, de casi sinismo, de que la injusticia, la corrupción, el abuso nunca se van a acabar y que siempre habrá maldad, y sabes como la injusticia, la violencia, la desesperanza son reales, existen, hay impunidad, hay abuso, hay explotación pero si podemos cambiar la vida Marcela, de las Marcelas de este mundo, si podemos cambiar comunidades y ejemplos como el de ella y de muchos más como el de ella que obviamente mi tiempo contigo no me permitiría decirlos; son ejemplos concretos de familias, comunidades, naciones, en los que la vida es mejor como convicción del trabajo fuerte de personas y ciudadanos comprometidos.

Judith: Porque esa es la clave verdad, para las personas que nos están escuchando y están escuchando este ejemplo, nos están escuchando a nosotros, a Pablo y a mi ser tan honestos, y decir como nosotros que nos mantenemos en el camino y siempre estamos viviendo el día a día en esta fraternidad y con ese nivel de esperanza e identificarnos con el otro ser humano que de verdad es una disciplina; no importa en donde estés … estás en tal vez en un sitio con menos ventaja o están en otro sitio tomándote un café y te das cuenta que la otra persona que está delante de ti es una persona tan humana como tu, y llora, siente como tu, verdad … entonces … para las personas que nos están escuchando ahora saber que primero es mantener todos nosotros el trabajo, mantener la disciplina y estar conectados a esta fraternidad y pensar que nuestro prójimo es tan humano como nosotros mismos. También tener la esperanza de que pueden hacer algo que tenga un impacto, porque muchas veces escuchamos esa historia y nos sentimos tan mal y como tu dijiste lo primero que pensamos es bueno, pero yo no puedo hacer nada.

Pablo: Si se puede.

Judith: Gracias a Dios que no estoy cerca de eso porque mira que tristeza viven algunas personas, en otros países, y sentimos ese dolor, la empatía, todo esto pero decidimos que no hay nada que se pueda hacer, que no podemos hacer algo y me encantaría que nos dijeras que puede hacer una persona que vive en un sitio donde sea vecino de algo que ellos ven que les de esa sospecha, o saben que allí hay algo que no está bien, ¿qué podrían hacer? Y ¿qué podría hacer una persona que está conmovida por todo esto para ayudar a una persona como Marcela?

Pablo: Hoy en día hay mucha información en el Internet, hay muchos recursos que se pueden buscar para informarse, para entender lo que está sucediendo; yo te diría lo importante es no permanecer en silencio, hay líneas; y esto depende de cada comunidad, de cada estado o condado en los Estados Unidos o si es pues afuera, la comunidad hispano hablante en el resto de América Latina, hay en la mayoría de países también, líneas, muchas de las cuales son líneas de denuncia anónima. Nosotros podemos pensar por ese sentimiento de desesperanza que va a ser una simple llamada pero déjame decirte Judith que muchos de los casos que nosotros hemos visto que han llevado a la protección y el rescate de una niña, un niño, una familia que está experimentando violencia han empezado por una simple llamada como esta. Primero que nada es entender lo que está pasando, analizarlo bien y luego reportarlo. No es nuestra función juzgar si lo que está ocurriendo es determinado crimen, pero si sabemos que algo no está bien debemos reportarlo en líneas a las que se puede buscar.

También muchas personas pertenecen a comunidades, algunas de ellas pues son iglesias u organizaciones no gubernamentales que trabajan en la comunidad, cada día es más común ver organizaciones que apoyan a víctimas y sobrevivientes con las que se puede contar, se puede reportar este asunto; pero si la persona que es víctima la conocemos, tenemos una relación con ella o con el, creo que lo que podemos hacer es ofrecerle ayuda, y ofrecerle ayuda es decirle mira ¿qué puedo hacer por ti?, yo me enteré de esto, estoy observando esto … estoy preocupado, si necesitas ayuda dime, puedes contar conmigo, tal vez van a decir que no, no digas nada, cállate, no es tu problema, déjame sóla, déjame sólo, pero de tiempo en tiempo quizás ellos pueden salir y buscar ayuda.

Judith: Lo impresionante para mí de la historia que nos acabas de contar es que fueron los k quienes fueron y tumbaron la puerta y sacaron a esta familia de donde estaba.

Pablo: Así es y sabes que aún más, cuando pasaron varios meses y finalmente cuando el abusador fue encarcelado, procesado y llevado ante la justicia, y por cierto fue condenado a 25 años de prisión; pues la mamá de Marcela estaba sin nada, en situación de extrema pobreza y un líder religioso local le habló a su comunidad y preguntó si alguien tenía una casa o un terreno donde ella pudiera vivir y, ¿sabes qué? Alguien se levantó y sirvió de voluntario y prestó un casa, muy humilde, que por cierto fue la casa donde yo les visité y les conocí, pero el dijo no miren, yo tengo ese espacio, allí hay techo, allí hay agua … y puedes ir a vivir allí; allí fue donde yo conocí a Marcela, a su mamá, a sus hermanas y fue realmente maravilloso e inspirador ver como de manera sacrificial, miembros de su misma comunidad le apoyaron.

Judith: Increíble, de verdad que si; bueno en el próximo segmento y último de esta serie vamos a saber un poco más de que pasó con Marcela, que pasó con su mamá, con su familia, como fue que Misión Internacional de Justicia se involucró después con la policía, por ese policía que conocía la organización y fue el punto de contacto con IJM y, bueno Pablo, mil gracias por compartir con nosotros esta historia; es algo tan inspirante, pero también … yo diría que algo un poco privado, es la historia de otra persona, como urgimos, no estamos usando su verdadero nombre, para proteger a la víctima pero yo creo que cada vez compartimos historias así me siento super tocada porque es la historia de otra persona, es lo que ha vivido otra persona y está siendo compartido conmigo, primero y segundo porque se está haciendo un gran bien cuando las cosas que son así se llevan a la luz y se enseñan y no se mantienen en la oscuridad.

Pablo: Gracias, de verdad que sí.

Judith: Gracias Pablo.