Autoestima: Por esto es que la gente te trata de la manera en que lo hace

A todos nos ha ocurrido que alguien nos ha tratado mal. Un compañero de clases de nuestra niñez o juventud, familiares, compañeros de trabajo, e incluso personas que pensábamos eran nuestros amigos.

Puede que sea difícil aceptarlo, pero la mayor parte de las veces, nosotros mismos hemos participado en ese tratamiento y es un reflejo directo de nuestra autoestima.

O hemos permitido este comportamiento o hemos fallado en mostrarles a los demás cómo esperamos ser tratados.

Hoy podría ser un día decisivo para ti, como lo fue para mí el momento en que adopté esta perspectiva, con una comprensión transformadora que te impactará a ti y a todos los que te rodean.  

Te invito a considerar lo siguiente:

“La gente te trata de la manera que tú permites que te traten”

Yo aprendí esta dura lección demasiado tarde en mi vida. Tenía 30 años cuando un mentor la compartió conmigo. Y ha estado conmigo desde entonces.   

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Hasta ese momento yo pensaba que si yo era agradable, educada y considerada, la gente sería agradable, educada y considerada conmigo.

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Cuando alguien no era considerado, agradable o educado conmigo, con frecuencia se me ocurría que era producto de algo que yo había hecho. Mi autoestima estaba por debajo de la estima que sentía por los otros (aunque fuera un aprecio que estaba fuera de lugar).

Desde entonces, he ampliado la definición de mi mentor para tomar en cuenta que aunque nosotros no permitamos ciertos maltratos de otros, todavía podrían ocurrir al inicio de una relación. Y por eso le hice un cambio a la frase anterior: 

“La gente te trata de la manera que tú les enseñas a tratarte”.

A comienzos de este año, estaba leyendo el boletín semanal de Brain Pickings, cuando apareció una cita del novelista James Baldwin:

“Tienes que decirle al mundo cómo tratarte. Si el mundo te dice a ti cómo vas a ser tratado, entonces estás en problemas”.

El autor del artículo explicaba cómo Baldwin consideraba que la identidad personal no era algo con lo que nacíamos, sino algo que exigíamos para nosotros mismos.

¿Por qué nadie me dijo esto junto a todos los demás consejos de vida que me habían dado (algunos de los cuales, por cierto, ni siquiera fueron tan útiles)? Quizás me hubieran podido decir algo como: “Es importante obtener un título universitario, viajar cuando puedas… y asegurarte de que exiges tu identidad personal y les enseñas a los demás cómo deberían tratarte”.

Bueno, nunca es demasiado tarde y tú puedes empezar a hacer mejores elecciones a partir de hoy. 

Entonces, ¿qué es lo que impide que les enseñemos a los demás cómo deberían tratarnos?

Autoestima

Sentirse poco merecedor de tener nuestra propia y única personalidad e identidad

Con frecuencia creemos que tenemos que seguir al rebaño. Sentimos que no nos podemos alejar demasiado de ellos, porque no somos tan “especiales” o “únicos”. Y por supuesto, la famosa frase de “¿Quién te crees que eres?” aparece de repente. 

A menudo sentimos que nuestra personalidad e identidad no valen lo suficiente para ser reconocidas por su propia singularidad. 

Cada vez que me encuentro en ese estado, recurro a la cita de Marianne Williamson:

“Nuestro miedo más grande no es ser inadecuados. Nuestro miedo más grande es ser poderosos sin límites. Es nuestra luz, y no nuestras sombras las que nos asustan más. Nos preguntamos a nosotros mismos, '¿Quién soy yo para sentirme brillante, hermoso, talentoso, fabuloso?'. En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres un hijo de Dios. Que te limites a ti mismo no le sirve para nada a este mundo. No tiene nada de iluminado que te achiques frente a otros para que ellos no se sientan inseguros a tu alrededor. Todos fuimos creados para brillar, como lo hacen los niños. Nacimos para ser manifestaciones de la gloria de Dios que hay en nuestro interior.  No solo está en algunos de nosotros; está en todos. Y cuando permitimos que nuestra propia luz brille, inconscientemente les damos permisos a otros para que hagan lo mismo. Y cuando nos liberamos de nuestros propios miedos, nuestra presencia automáticamente libera a otros”.

Lo genial de que te liberes de los miedos sobre tu propio valor, es que cuando lo haces, sirves como ejemplo para que otros hagan lo mismo.

No saber cómo queremos ser tratados

¿Sabes cómo es el verdadero respeto?

¿Sabes cómo es honrar los sentimientos de otra persona?

Mi vida cambió completamente cuando decidí tener una visión clara de la vida que quería llevar y cómo quería participar en ella. 

Visualiza cómo te gustaría interactuar con otros: ¿Cómo son tus conversaciones? ¿Qué cosas e información compartes? ¿De qué manera te gustaría que te apoyaran?

Ten una idea clara de cómo te gustaría afrontar el mundo, porque como dijo Baldwin:

“Tienes que decirle al mundo cómo tratarte. Si el mundo te dice a ti cómo vas a ser tratado, entonces estás en problemas”.

Temor de ser visto negativamente por los demás

Por muchos años, tuve dificultades con esta idea. 

Culturalmente fui criada para hacer sentir cómodos y a gusto a los demás. Hacer que otras personas “se sintieran mal” era una acción terrible, y con frecuencia era descrita como un acto de egoísmo, malcriadez o comportamiento “difícil”. 

Vivía aterrada de cometer estos errores. No me hubiera gustado ser calificada como “egoísta”, “malcriada” o “difícil”. 

Por este tipo de pensamiento, a menudo me limitaba cuando estaba en compañía de otras personas para no hacerlas sentir incómodas. No solo eso, también sufría de ansiedad cuando expresaba mis deseos y necesidades, especialmente si diferían de las de los otros.

No fue sino hasta que cultivé y viví activamente mi autoestima que pude dejar de preocuparme y de sentir ese alto nivel de ansiedad por lo que los demás dirían sobre mí. ¿Cómo lo hice? A continuación hablaremos de eso, aunque también sería bueno que echaras un vistazo a estos dos videos de hace un par de años, que hice con Leticia Mendoza cuando empecé a hacer su programa en Al Día. 

Viviendo nuestra autoestima

Entonces, ¿cómo les enseñas a los demás a tratarte bien?

Bueno, toda JudithDuval.com es básicamente un esfuerzo para ofrecerte las herramientas para que puedas hacer esto. Pero aquí están las tres cosas principales para enseñarles a los demás a tratarte bien y QUE PUEDES EMPEZAR A IMPLEMENTAR HOY MISMO. 

Mostrarle a los demás cómo te tratas a ti mismo

Nadie te tratará con respeto mayor que el que tú mismo te das. Si tú no te respetas, y realizas acciones que manifiesten ese respeto, los demás no lo harán.

¿Comes cuando tienes hambre? ¿O te dejas morir de hambre para cuidar de los demás?

¿Tomas tiempo para consentirte a ti mismo? ¿O solo te preocupas por hacer felices a los demás?

¿Te aseguras de descansar lo suficiente? ¿Odesatiendes las necesidades de tu cuerpo para ser una “mejor” madre, hija, o amiga?

Permitir a los demás ver los límites que pones con otras personas

Cuando ellos vean los límites que les colocas a otras personas, tendrán una mejor idea del tipo que comportamiento que tú permitirás o no. 

Decidir qué tipo de comportamiento de los demás permitirás en tu vida

Lo que tú permitas, es lo que persistirá. Pequeños maltratos tienen un efecto de bola de nieve y se convertirán en problemas más grandes. Lo peor es que para ese momento, estarás tan afectada emocionalmente que abordar esos problemas será mucho más intimidante de lo que debería ser. Si abordas los maltratos desde el inicio, podrás hacerlo de forma más calmada y serena.

En definitiva, nadie tiene el derecho de limitarte, de decirte quién eres o qué puedes ser. Nadie tiene el derecho de definirte. Nadie tiene el derecho de tratarte mal. 

Pero es tu responsabilidad aclarar esto ante los demás. Y está BIEN que lo hagas.

¡Dime cómo te fue! Me encantaría saber de ti, así que por favor deja un comentario o pregunta a continuación. Si has disfrutado este artículo, me sentiría honrada de que lo compartieras con amigos, familia y comunidad.

Abrazos,

Judith